El llamado de la vocación
Rvdo. D. Agustín Zambrana
Hoy os saludo como Cura párroco, porque hace muchos años sentí la vocación de Dios para servirle como sacerdote.
¿Cuándo y cómo fue la primera vez que sintió el llamado a la vocación religiosa?
Fue durante unos ejercicios espirituales a la edad de 14 en la escuela del Ave María cuando empecé a plantearme si sería mi camino seguir a Jesús en la vida religiosa; me atraían mucho las misiones.
Como el director de los E.E. era Misionero de la Esperanza, pensé que el Señor me llamaba a esa asociación. Y fue en un retiro donde participó Don Ramón Buxarrais, Obispo emérito de Málaga, el que nos planteó la necesidad de sacerdotes para la Diócesis y ahí tome la decisión de ser sacerdote misionero.
Al día de hoy no me he arrepentido en ningún momento y doy cada día de mi vida gracias a Dios por haber elegido a este pobre hombre para ser instrumento suyo.
¿Qué papel jugaron su familia y su comunidad en su decisión de seguir este camino?
Mi familia siempre me apoyó, aun cuando no lo entendían muy bien, pero estaban orgullosos, particularmente mi madre.
Al pertenecer a los Misioneros de la Esperanza me sentía animado y experimentaba que ese era mi camino.
Formación y Educación
Mi preparación la inicié en el Seminario de Málaga y en el Centro de Teología de Málaga. Después de casi siete años, terminando los estudios de filosofía y teología, Don Ramón me ordenó Presbítero.
¿Cómo fue su primera experiencia como sacerdote?
Mis primeras parroquias, Jubrique y Genalguacil, fueron muy gratificantes y me sentía muy realizado. Veía claramente que Dios me llamaba al pastoreo de almas, aunque siempre me sentía inclinado a las misiones.
La llamada a las misiones se realizó 4 años después. Don Ramón me ofreció la posibilidad de ir a Caicara de Orinoco. Cosa que acepté encantadamente.
¿Cuáles han sido los mayores desafíos que ha enfrentado a lo largo de su ministerio?
Mi mayor desafío ha sido poder ir a Caicara de Orinoco en Venezuela. Don Ramón me ofreció la posibilidad de ir a esta misión y junto con dos hermanos sacerdotes, ya fallecidos, nos pusimos en camino el 3 de diciembre de 1986. Fueron 5 años intensos y maravillosos. Dios me hizo un gran regalo.
¿Podría compartir algunas de las experiencias más significativas que ha vivido en estos 40 años?
Por supuesto, las misiones. El encuentro con los indígenas y poder compartir la fe con muchas personas que vivían muy alejadas.
¿De qué manera se ha sentido guiado por Dios en las decisiones importantes de su vida?
Creo que toda mi vida está marcada por Dios y Él me da la fuerza para seguir.
¿Qué aspectos de su vocación le han brindado mayor satisfacción y paz interior?
Poder acompañar espiritualmente a seglares y hacer vivir los Sacramentos.
¿Cómo cree que su vocación ha impactado a las comunidades a las que ha servido?
Sólo sé que por donde he pasado, me recuerdan con afecto y gratitud.
¿Qué le gustaría lograr o enfocar en su ministerio en esta nueva parroquia?
Mi meta simplemente es convivir y acompañar y estar con los que me necesiten.
¿Qué consejo les daría a aquellos que están considerando una vocación religiosa hoy en día?
Que se abran a la voluntad de Dios
¿Hay alguna enseñanza o lección específica que haya aprendido a lo largo de su carrera que le gustaría compartir?
Sentir que mi fuerza está en Jesús y María. Vivir con humildad mi vocación.
Historial de Párrocos
El llamado de la vocación
Rvdo. D. Manuel Arteaga Serrano
Párroco del 2018-2024
Hoy os saludo como Cura párroco, porque hace muchos años sentí la vocación de Dios para servirle como sacerdote, os la cuento rápidamente:
El inicio
En enero de 1976 entré en la Academia de la Guardia Civil de Úbeda, y esto lo cuento porque fue en esos primeros años de guardia civil donde comenzó a rondar en mi cabeza la pregunta si yo podría ser sacerdote. Precisamente porque eran años de crisis en la Iglesia, donde muchos sacerdotes se salieron. Las noticias llegaban a los medios de comunicación, a los periódicos. Recuerdo haber leído en el Heraldo de Aragón noticias de la crisis sacerdotal, y haberme planteado, ya entonces, si yo serviría para ser sacerdote.
Sin embargo, mi timidez creaba barreras acerca de mi capacidad para ser sacerdote, me parecía que yo no valdría y eso fue un freno a mi vocación, pues nunca lo hablé con ningún sacerdote, a pesar de que yo solía ir a misa los domingos, siempre que podía, como era mi costumbre desde niño.
Pasaron los años con esta inquietud y mi primer destino fue en Valderrobres (Teruel), después pasé por Ariza (Zaragoza), y de cabo con galones rojos en el Muelle de Pasajes (Guipúzcoa) donde por las circunstancias de aquella época, cuando iba a la iglesia era a San Sebastián, porque así podía elegir a dónde ir con más variedad; por último San Pedro de Alcántara y Marbella (Málaga).
La decisión
En total 11 años de servicio en el Cuerpo. En mis dos últimos años en Marbella, ya sentía que el deseo de ser sacerdote me rondaba por la cabeza machaconamente, hasta que por fin rompí mi resistencia y tomé la decisión de ir a hablar con el cura párroco. Fue en una mañana de primavera que me encaminé a la parroquia de la Encarnación de Marbella, donde solía ir a misa los domingos y algún que otro día de la semana. Estuve rezando en un agradable ambiente de silencio y, al cabo de un rato, me levanté y me encaminé a la sacristía y saludé a Don Francisco Echamendi Aristu, que estaba en su despacho, me dijo que pasara, dejó lo que estaba haciendo y me escuchó; allí mismo le expuse mi vocación, mis deseos de ser cura, incluso mi ilusión de ir a misiones. Cogió un periódico que tenia sobre una esquina de la mesa y me enseñó la noticia de tres sacerdotes de la Diócesis: Pulido, Manolo Lozano y Agustín, que iniciaban un proyecto de cooperación misionera de la Diócesis malagueña con la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar en Venezuela, en el pueblo de Caicara del Orinoco, y me dijo que cuando terminara el periodo del Seminario y fuera ordenado, también podría ir yo allí cuando el Obispo lo viera oportuno.
Después de un rato hablando con don Francisco cogió el teléfono y llamó al Obispo Don Ramón, y le dijo que estaba con un Guardia civil, feligrés de la parroquia que quería ser sacerdote. Concertó para mí allí mismo una entrevista con el Obispo y anotó el día. La tarde de ese mismo día fui a la sierra de Marbella y allí, alzando los brazos al cielo, le di gracias a Dios, sentí una inmensa alegría, todas las barreras de mi mente habían desaparecido.
A la semana siguiente, don Ramón me recibió afablemente en su despacho, estuvimos hablando por una media hora, me regaló un libro del Cardenal Marcelo Espínola y llamó desde el despacho al Rector del Seminario don Gabriel Leal, para que en los días siguientes pudiera recibirme. Con don Gabriel también estuve hablando un buen rato y al terminar me dijo que era necesario que fuera a una convivencia en el verano con cinco jóvenes que estarían en el seminario conmigo. El verano se pasó volando, pedí una excedencia en la Guardia civil de cinco años, pasé una semana de convivencia extraordinaria y en Septiembre, a los 29 años, entré en el Seminario.
La ordenación
Seis años después en 1993 fuimos ordenados en la Catedral seis diáconos como Presbíteros de la Iglesia de Málaga.
He de decir que si bien en mi despertar a la Fe de Dios se sirvió de mis padres, que después de mi Bautismo, me enseñaron a rezar y me llevaban a la iglesia, fue en las parroquias, donde estuve con sus curas y las clases de religión en el instituto, cuando empezó mi formación cristiana. Y por supuesto, los años del Seminario, un grandísimo regalo de Dios.
Mi recorrido
- Hasta el día de hoy, que escribo este saludo, mi servicio a la Iglesia en estos años fueron, mis primeras parroquias, en Cañete La Real y Cuevas del Becerro el primer año.
- Después cuatro años en Caicara del Orinoco inolvidables, una iglesia con muchos jóvenes y con ganas de conocer a Dios y ganas de estudiar, y el gran cariño de las gentes sencillas del pueblo y los campos.
- Después seis años en Melilla, una rica experiencia de relación Inter religiosa con judíos, musulmanes y comunidad hindú. Después de Melilla volví por otro periodo de cuatro años a Venezuela.
- Al regreso a España estuve 10 años en el barrio de la Trinidad de Málaga en la Parroquia de San Pablo.
- Regresé a Marbella en septiembre de 2018, después de haberla dejado tantos años atrás de camino al Seminario, para servir a la Iglesia en esta Parroquia de la Virgen del Carmen así como en la Encarnación de Ojén.
¿Sientes el llamado de la vocación?
Si “algo dentro de ti” cree sentir una posible llamada de Dios al sacerdocio, la vida consagrada, las misiones o vida laical existen cursos de la Diócesis que te ayudarán a encontrar criterios y pistas para discernir, alentar y estimular tu vocación, a través de encuentros de oración, formación, acompañamiento espiritual, testimonios y convivencia compartida con otros que viven la misma situación existencial, pulsa sobre el enlace.